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Reference Range WeeklyNúmero 3
Un caparazón de tortuga cuyas placas se convierten en hebras de ADN, unas ordenadas y otras deshilachadas, con pequeñas formas luminosas productoras de energía en su interior.

Lo que el ADN de una tortuga de 194 años puede decirnos sobre el envejecimiento, y lo que no

Jonathan, una tortuga gigante de Aldabra que vive en la isla de Santa Elena, tiene unos 194 años según las estimaciones, lo que hace de él el animal terrestre de más edad que se conoce. Un nuevo estudio publicado en Science Advances ha leído ahora su genoma y la metilación de su ADN.

La metilación es un conjunto de marcas químicas sobre el ADN que ayudan a encender y apagar genes. Con la edad, esas marcas tienden a desordenarse, algo que los investigadores miden como entropía de metilación. En Jonathan y otras cuatro tortugas, la entropía aumentó con la edad. Sin embargo, 272 interruptores genéticos, llamados promotores, se mantuvieron ordenados en Jonathan y en los dos animales más jóvenes, mientras que perdieron ese orden en los dos adultos de más edad. En esos promotores abundaban los genes relacionados con el procesamiento del ARN y con las mitocondrias, las partes de la célula que producen energía.

Jonathan presentaba además variantes exclusivas suyas en 287 genes, y 12 de las potencialmente relevantes figuran en bases de datos sobre envejecimiento.

Las limitaciones vienen dadas por el propio caso. Se trata de un único animal comparado con otros cuatro, dos de ellos de edad desconocida. No se permitió extraerle sangre a Jonathan, así que el equipo trabajó con raspados de mejilla y saliva y no pudo hacer pruebas de ARN para comprobar si sus variantes inusuales alteran la actividad de los genes. Solo pudo evaluarse alrededor del 10% de los promotores. Los autores presentan su modelo de envejecimiento como una hipótesis y afirman que los datos no permiten establecer una relación causal. Sigue sin saberse si unos genes energéticos ordenados importan para el envejecimiento humano.

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Fuentes

Los títulos de las fuentes se conservan en su idioma de publicación.

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