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Reference Range WeeklyNúmero 6
Un aula antigua vacía bajo la luz de otoño, con una ventana que da a un campo atravesado por un camino que se bifurca.
Investigación destacada

Tras un año más de escuela en la Gran Bretaña de los setenta, hubo menos diagnósticos de demencia

La investigación sobre la demencia arrastra desde hace tiempo un enigma sobre la educación. Las personas que estudian más años suelen recibir con menos frecuencia un diagnóstico de demencia, pero también suelen diferir en riqueza, salud y entorno familiar. Por eso cuesta saber si la escuela en sí tiene algún efecto.

Un estudio publicado en PNAS aprovechó una ley británica para acercarse a una respuesta. En 1972, el Reino Unido elevó la edad mínima para dejar la escuela de 15 a 16 años para todos los nacidos a partir del 1 de septiembre de 1957. Un niño nacido a finales de agosto de ese año podía dejarla a los 15; uno nacido pocos días después tenía que quedarse un año más. La reforma aumentó en 14 puntos porcentuales la proporción de alumnos que permanecían al menos hasta los 16.

Las personas nacidas justo antes y justo después de esa fecha deberían ser muy parecidas en todo lo demás, así que las diferencias posteriores entre ellas pueden atribuirse de forma más convincente al año extra de escuela. Este enfoque, llamado regresión discontinua, se acerca más a comprobar causa y efecto que la mayoría de los estudios sobre demencia. Los investigadores lo aplicaron a participantes del UK Biobank, identificaron la enfermedad de Alzheimer y las demencias relacionadas a través de historias clínicas, registros hospitalarios y registros de defunciones, y siguieron a las personas hasta los 65 años.

La educación adicional redujo la incidencia de estas demencias. También debilitó la relación entre la predisposición genética y la demencia, lo que sugiere que un riesgo heredado más alto no decide el desenlace. El año adicional se asoció además con mayores ingresos del hogar y con menos ictus e infartos, aunque el estudio no establece cuál de estos factores, si es que alguno, conecta la escolarización con el cerebro.

Un experimento natural sigue sin ser un ensayo aleatorizado. Detenerse a los 65 años es además una limitación seria: la demencia es poco frecuente a esa edad, así que las estimaciones son imprecisas. Queda por saber si la diferencia que deja un año más de escuela en la adolescencia se mantiene, crece o se diluye al llegar a las edades en que la demencia se vuelve frecuente.

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Fuentes

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